lunes, 14 de septiembre de 2009
Barreras difusas
Mucho se ha discutido acerca de los derechos de autor, las licencias, la música compartida y los cánones impuestos para "proteger" estos derechos. El caso más reciente ha sido la amenaza de la SGAE con denunciar a la Asociación de Vecinos del Zaidín por no pagar por los conciertos gratuitos que ofrecen durante las Fiestas del Zaidín en Granada. Sin embargo, esta nueva aproximación sobre las consecuencias negativas de las redes sociales y de las nuevas formas de comportamiento surgidas a raíz del desarrollo de Internet, resulta bastante novedosa.
Sean Conway, abogado de profesión en Florida, se despachaba a gusto de una jueza a la que consideraba incompetente en un caso llamándola "bruja injusta y malvada"; Kristine A. Peshek se refería al juez instructor como el "juez sin idea" al absolver a un drogadicto confeso que mintió durante su interrogatorio para luego retractarse. Además, no solo eso, sino que en ambos casos daban datos confidenciales de los casos para sustentar sus argumentos. Esta falta de sentido de la privacidad y de juicio a la hora de expresar opiniones que no deberían hacerse abiertamente, desvela una tendencia entre los más jóvenes que se agudiza entre los profesionales del derecho. Según una encuesta de la base de datos LexisNexis, el 86% de los abogados entre 25 y 35 años pertenecen a alguna red social. Al tratarse de nativos digitales, su concepto de privacidad es mucho más suave y no son tan cuidadosos a la hora de expresar sus opiniones o al hablar del trabajo.
jueves, 12 de febrero de 2009
Lo gratuito puede ser rentable, enteraros
¿Qué pasó? Adivinen, sus ventas han aumentado hasta un 23000% hasta el punto de ocupar el segundo puesto como lo más vendido en Amazon. Algo sorprendente... o tal vez no, recuerden la estrategia de Paulo Coelho para aumentar sus ventas en aquellos países donde no era tan popular. Tal y como pronosticara Chris Anderson hace un año, la cultura de lo gratis puede ser rentable. El último ejemplo de ello es la aplicación Spotify, que está causando sensación.
Que tomen nota los actores y productores españoles que tanto se quejan con las descargas, ¿o tal vez es que nadie se descarga cine español?
domingo, 21 de diciembre de 2008
Cuando el copyright impide el avance de la ciencia
Mucho se habla sobre los derechos de autor y cómo afectan sobretodo, a la industria musical. Nos solemos centrar en los impedimentos que ponen las asociaciones de autores, operadores y discográficas para descargarnos música, películas o para tomar prestado un libro en la biblioteca. Sin embargo, suele dejarse de lado (por ser aparentemente minoritaria la población afectada) cómo afectan todas estas medidas proteccionistas al desarrollo de la ciencia. Richard Stallman, el gurú del software libre, precisamente por tratarse de una persona idolatrada por los geeks y por sus pintas tan excéntricas, fue una de las personas que mayor difusión pública le dio a este problema cuando participó en un debate de la revista Nature. Aún siendo muy utópicas sus ideas y limita sus argumentos a unos malos (las revistas que se oponen al open access) y a unos buenos (los pobres científicos que no pueden publicar en abierto), es muy ilustrativa la frase con la que concluye su artículo:
When copyright impedes the progress of science, science must push copyright out of the way
Precisamente, los derechos de autor en la ciencia surgen para proteger su avance. Con la irrupción de Internet, dejan de ser los autores los que deben ser protegidos y, al igual que ocurre con la industria musical, son los distribuidores (en este caso, las revistas) los grandes amenazados. En 2006, se presento en Estados Unidos el proyecto de ley de la Federal Research Public Access Act (pdf) que establecía la publicación en abierto de toda la producción financiada por el NIH seis meses después de salir a la luz en las revistas científicas. Rápidamente, Nature tomó medidas en contra de esta decisión impidiendo que se aprobara tal ley. De hecho, actualmente debe pasar un año para que cualquier publicación financiado con dinero público esté en open access en Estados Unidos.
En cualquier caso, el campo de la ciencia que se está viendo más afectado por los derechos de autor es el de la Genómica (curiosamente, el artículo que denuncia este caso es solo para suscriptores). Fue Craig Venter el primero en solicitar una patente para el primer organismo vivo creado en los laboratorios de su empresa, Celera Genomics. Sin entrar en todas las cuestiones éticas que levanta patentar algo tan personal como es una secuencia de ADN, el hecho de que se patenten descubrimientos y no inventos, dificulta a otros investigadores avanzar en el mismo campo. Esto mismo denuncian en Navigenics, que inciden en la gran cantidad de dinero que deben invertir únicamente en patentes de genes para poder investigar.
domingo, 27 de enero de 2008
¿Afecta negativamente la piratería a los escritores?
Al parecer lleva paralelamente un blog llamado Pirate Coelho en el que publica traducciones de sus propias obras. Dice que desde que hace esto, ha comprobado que traducción que cuelga de una de sus novelas, novela que, - en el país correspondiente, - sube en ventas.
Curioso esto de la dichosa piratería y de lo perjudicial que resulta. Si es que no se trata de prohibir, se trata de saber vender.
A ver si encuentro algún que otro huequecito entre examen y examen.
martes, 13 de noviembre de 2007
Las patentes y el odio
viernes, 19 de octubre de 2007
Cambiemos ciencia por conocimiento: derechos de autor
Los hallazgos de la ciencia son un producto de la colaboración social y son
asignados a la comunidad. Constituyen una herencia común en la cual el derecho
del productor individual es severamente limitado. Una ley o teoría que lleva el
nombre de un científico no entra en la posesión exclusiva del descubridor y sus
herederos, ni las normas les otorgan derechos especiales de uso y disposición.
[...] El derecho del científico a 'su' propiedad intelectual queda
limitado al reconocimiento y la estima que, si la institución funciona con un
mínimo de eficiencia, son proporcionales al incremento aportado al fondo común
de conocimiento.
jueves, 27 de septiembre de 2007
¡¡La SGAE contra todos!!
Mientras tanto, en otro lugar de la Galaxia, los peluqueros gallegos rechazan la cuota de la SGAE por poner música ambiental en sus negocios. No es una noticia de broma. Lo de querer cobrar la música ambiental, tampoco.Incrédulo, leo y releo la noticia. ¡No puede ser cierto! le grito exaltado a la pantalla del ordenador. Los límites a los que está llegando todo esto son de los más absurdo. El musical the We will rock you no era una broma.
Sin poder dar crédito alguno a la noticia sigo el enlace y, para mi pesar veo que esto no es una obra de teatro cómica y humorística donde cantan y bailan buena música y visten de forma extravagante. Sino que esto es España y aquí lo absurdo debe tomarse muy en serio.
jueves, 20 de septiembre de 2007
El canon entra en política
En fin, dejando de lado estas cuestiones, hoy me encuentro con que ahora y para rematar, el canon no sólo va seguir dando bombo en Internet y en las bibliotecas, sino que ahora también entra en política. Rajoy ha decidido convertirse en abanderado del pueblo y luchar contra un canon indiscriminado. Estamos en precampaña, es el momento de soltar promesas y críticas a diestro y siniestro, pero que un tema tan serio como éste se convierta en arma arrojadiza, ¿resulta realmente beneficioso?
viernes, 22 de junio de 2007
Los derechos de autor y el canon de las bibliotecas
Todo esto de pagar dinero a los autores de libros por distribuir sus obras (es decir, el préstamo bibliotecario), tiene su origen en los países nórdicos y Dinamarca, donde la literatura en la lengua del país es prácticamente inexistente. Así pues, el gobierno, para darle un impulso a la cultura nacional decide premiar de algún modo a los escritores que escriban en la lengua del país y no en inglés, como hace la gran mayoría. De este modo se intenta incentivar el uso de los idiomas nórdicos en la literatura. No obstante, rápidamente, los autores, - y sobretodo las editoriales, por qué no decirlo, - que escriben en inglés se sienten excluídos y reclaman cobrar también su parte correspondiente alegando que no es literatura nacional la que se escribe en un idioma sino la que crean los miembros de dicha nación. Cosa que los gobiernos correspondientes ven muy razonable y deciden pagar a estos autores su parte correspondiente.
Rápidamente todo este movimiento empieza a expandirse por el resto del Norte de Europa. Alemania adoptó medidas de remuneración a los autores ya en los años setenta. Y según me dicen, los usuarios de las bibliotecas deben pagar unos 12 € anuales para poder tomar libros en préstamo.
De este modo, en 1992, la Unión Europea aprueba la Directiva 92/100/CE (aquí [pdf] se resume gran parte de ella) que establece en resumidas cuentas los siguientes parámetros:
- Derecho de los creadores a autorizar el préstamo público
- Facultad de los estados a eximir a determinados establecimientos de la obtención de la autorización
- Compensación económica para el autor por la distribución de su obra en establecimientos que permitan el préstamo público.
Así pues, en la nueva Ley del Libro recientemente aprobada, es donde dicho canon queda reflejado. En esta ley se indica que serán las administraciones públicas las que se harán cargo de pagar dicho canon (es decir, en última instancia el ciudadano) de manera que la inversión en bibliotecas será presumiblemente menor de lo que hasta ahora era. Además, las encargadas de gestionar dicho canon entre los autores y editores serán las Entidades de Gestión tipo CEDRO y SGAE.
Recientemente asistí a una charla sobre este tema de un tipo de CEDRO y afirmaba que actualmente estas entidades se encuentran muchas veces con problemas fiscales. Pues muchas veces se encuentran en situaciones donde son ellos los que tienen que buscar a los autores para pagarles la parte que les corresponde y no al revés llegando a casos extremos, pero bastante frecuentes, en los que o bien no localizan al autor o bien éste no se cree que ese dinero le pertenezca. Esto refleja dónde están los intereses. Parece ser que no precisamente en los autores.