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lunes, 3 de marzo de 2008

Freeconomics

Hace unos años, cuando a uno le ofertaban algún servicio gratis o le daban algo gratis, solía buscarle el truco. Ver por dónde andaba la trampa. Sin embargo, desde hace unos años buscamos lo gratis y rechazamos aquello que hay que pagar. Si Blogger no me ofreciera este espacio, yo no habría comprado un dominio ni pagado un hosting. De hecho, el freeware poco a poco se va imponiendo, no hay más que ver la evolución apabullante de Mozilla Firefox o ver cómo se va haciendo hueco poco a poco Linux, como un competidor serio.

Sin embargo, siempre nos queda la duda: ¿de dónde demonios sacan rentabilidad al tema? Todos conocemos el sistema de Adsense de Google, pero ¿es tanta la cantidad de gente que pincha en los enlaces publicitarios? La economía está cambiando y del garaje de un par de estudiantes pueden salir empresas muy muy rentables. Con inversiones casi nulas se consiguen resultados excelentes. Pero, ¿cómo funciona realmente este nuevo modelo económico? ¿De dónde sacan la rentabilidad empresas como Wordpress, Moodle, Flickr, Drupal o Youtube?

En un artículo muy interesante, Chris Anderson, editor de la revista Wired y autor del libro "The Long Tail", desgrana punto por punto este nuevo modelo económico basado en el todo gratis explicando el funcionamiento de este nuevo sistema emergente que está haciendo tambalearse el actual modelo económico y que afecta a todo lo que la Red toca.

Pensaba darles un resumen del artículo, pero se me han adelantado. Como apunte, me interesaría resaltar la analogía que existe entre la Ley de Lotka de la producción científica y cómo se financian estas empresas. Digamos que al igual que ocurre con la Ciencia, un 1% de los usuarios/autores alimenta todo el sistema.

De todas formas, si después de leerlo siguen con ganas de saber más, no se preocupen, es solo el preámbulo de un libro. Tal y como hizo en 2004, Chris Anderson nos abre el apetito con sus interesantes ideas.

domingo, 13 de enero de 2008

Sourceforge: el sitio donde se cuece el software libre


No sé si a ustedes les dirá algo este nombre. Es un nombre que tal vez les suene a aquellos que empiezan a juguetear con eso del software libre pero que aún no están muy metidos en el tema. Por ejemplo, yo soy uno de ellos. Sin embargo, para aquellos que ya casi no se acuerdan del Windows XP, que no saben qué formato es el mp3 pues sólo conocen el .ogg y que suspiran cada vez que leen el nombre Stallman, Sourceforge lo conocerán casi mejor que Google.

Estos últimos, mejor que se abstengan de seguir leyendo, pues lo que aquí pretendo contar es una pequeña introducción para pobres incultos como yo que aún son presos de las actualizaciones de Windows y de los documentos doc y que se maravillan al conocer cosas de las que no tenían ni idea, pese a ser harto conocidas.

Usuarios nutriendo a usuarios

La gran maravilla de Sourceforge es que es el ejemplo más clarificador de dos movimiento que van de la mano y que están marcando el futuro de la Web: la Web 2.0 y el software libre.

Las tres características básicas de este sitio web son las siguientes:
  1. Los usuarios son los que llenan la plataforma de contenido.
  2. Programadores e informáticos se sirven de ella para llevar a cabo sus proyectos.
  3. La comunidad se alimenta y ayuda a desarrollarse el software existente.
Alimentando la larga cola

Además, Sourceforge es un ejemplo más de los patrones de comportamiento que sigue la red y de que, además, ese modelo de conducta funciona.

Tal y como afirma el propio Chris Anderson en una entrevista, servicios como el que ofrece Sourceforge permiten dar cabida a aplicaciones (en este caso) para las que cabría pensar que la demanda es prácticamente nula. La única razón que hace viable este comportamiento es la suma de esos pequeños nichos de usuarios.

De modo que el resultado final es un lugar en el que se cuecen aplicaciones prácticamente de cualquier tipo que en otro caso no existirían al no ser lo suficientemente rentables para cualquier empresa de software.

martes, 23 de enero de 2007

La larga cola sale de la red

Ya es harto sabido que negocio que entra en Internet, negocio al que la ley del 98% absorbe. Sin embargo, esta tendencia que hasta ahora era algo intrínsico de la web, está empezando a expandirse fuera de ella. Hace un par de semana aparecía un artículo en Babelia sobre la proliferación de pequeñas editoriales. Fuera de lo que pudiera parecer, muchas de estas pequeñas editoriales eran ya negocios más o menos estables. La digitalización a la hora de publicar un libro ha supuesto una reducción de costes muy ventajosa para el pequeño comerciante. Pequeñas tiradas con pocas ventas son suficientes para que los editores puedan mantenerse en el mercado. Todos venden. Poco, pero venden. Al fin y al cabo es de eso de lo que se trata.
'Es como quien escribe una carta a los Reyes Magos. Nos preguntamos: ¿qué nos gustaría leer que no esté en castellano? Esto. Compramos los derechos y lo traduciemos', afirma uno de los pequeños editores. Y es que los nichos de los que hablaba Anderson surgen por doquier.
Ya el negocio no es de unos pocos, de hecho cualquiera puede hacer negocio dentro de la larga cola. Sólo hay que ofrecer algo que no ofrezcan los demás. Que no sea muy popular o que sólo les guste a unos pocos deja de cobrar importancia.

jueves, 28 de diciembre de 2006

La regla del 98%

Al tomar conciencia de la existencia de una larga cola en el nuevo modelo económico que Internet está abriendo, parece que todo el mundo se ha revolucionado. El hecho de que un vídeo casero le haga la competencia al nuevo trailer de una superproducción de Hollywood, de que nuevos cortometrajes acaparen la atención del personal ha dado mucho de qué hablar. Y ha dado mucho de qué hablar precisamente porque se trata de un modelo extrapolable a todo lo que tenga relación con Internet. Los periodistas ya lo saben, hasta hace relativamente poco la regla del 20/80, aplicable prácticamente a todo, - por ejemplo, el 80% de la riqueza mundial está en manos del 20% de la población, - era la clave para hacer negocio. Lo importante no era informar de todo lo que ocurre en el mundo, sino de lo que más interesa a los lectores. Sin embargo, esto ya está cambiando. Tal y como afirma Chris Anderson en su libro, el fenómeno de Internet ha permitido que aumente la variedad de productos, de modo que caen las ventas de ciertos productos, pero aumenta el número de ventas en general. Se consume un poco de todo. En periodismo: las ventas de ediciones impresas descienden, muy poca gente adquiere las descargas en pdf... Por qué iba hacerlo cuando puede adquirir toda esa información en un blog cualquiera de manera gratuita. El número de perfiles de usuarios se amplía hasta el infinito. La gráfica sigue teniendo cabeza, pero la cola es sumamente larga.
Nosotros, ya seamos bibliotecarios o documentalistas, nos echamos las manos a la cabeza. ¡Y los libros, es que ya nadie piensa en los libros! Muestra de nuestra falta ingenio. No nos damos cuenta de que es el sueño de todo bibliotecario, de todo documentalista, lo que la biblioteca pregonó desde que se puso al servicio del pueblo y no como custodio del saber. Un mundo en el que la información es gratuita. Ese es el mundo de la larga cola y ese es nuestro campo de trabajo. Nuestra nueva biblioteca. Es hora de que desempolvemos nuestros intelectos y trabajemos en gestionar toda esa información, en crear las herramientas necesarias para ponerlas a disposición de esos infinitos usuarios. Además ahora sabemos que todo lo que hagamos servirá de algo, pues ya lo dice la regla del 98%, prácticamente todo lo que está disponible se consume. Ahora más que nunca es hora de olvidarnos de esas reglas de catalogación, de colocar libros en estanterías. Basta de quejas. Es una situación idílica, un momento clave para dar el salto, no debemos desaprovecharlo.