Dicen en la facultad que los alumnos de hace diez años tenían un nivel mucho más superior que el nuestro. Que el nivel ha bajado. Y mucho. Rápidamente añaden que esto no sólo se refiere a los estudiantes, sino en general. Sin embargo, empieza su discurso aludiendo a los estudiantes. Y me hace gracia. Mucha gracia. Encima en el primer día de clase, para empezar bien.
Bueno no, en realidad me cabrea mucho. Como estudiante que soy me doy por aludido y hace que durante un par de horas odie desde lo más profundo de mi ser a ese alguien y al resto de la sociedad por haberme convertido en una mera sombra de lo que eran los estudiantes en el pasado. Pero al rato, sin poder evitarlo me entra la risa. Lo siento, pero no lo puedo evitar.
Comentando el tema con los compañeros, llegamos a la conclusión de que nuestros años de universitarios nos han sentado francamente mal. Ya no nos escandaliza eso de que un profesor llegue media hora tarde a clase y se vaya media hora antes, cosa que en primero nos dejaba completamente atónitos. Incluso nos sentimos aliviados. Qué aliviados, ya hasta nos gusta y nos cae mejor por ello. De que nos diga lo holgazanes y malos que somos. Nos dejamos mangonear lo más grande y lo peor de todo es que nos da igual.
Ha llegado un momento en el que el hastío ha ido creciendo de tal manera que les llegamos a consentir que nos hagan perder el tiempo por el módico precio de 600-700 € al año aproximadamente (tal vez ahí me he colado, pero no lo borro para crear ambiente). Evidentemente aquí estoy dando la visión de un alumno. Una visión sesgada y muy poco objetiva. Pero es que su visión ya me la conozco. De hecho me voy a tomar el lujazo de rebatírsela. Hoy estoy gracioso.
Básicamente las dos posturas encontradas son:
- Alumnos que dicen que los profesores no les enseñan nada. Que conste que no estoy de acuerdo con el tema. Tenemos magníficos profesionales en nuestras aulas, eso sí, pasan de una manera exagerada de nosotros.
- Profesores que se encuentran con alumnos que no tienen ni el más mínimo interés en sus explicaciones. Claro que sí que los hay. Tal vez demasiados. Eso no lo voy a negar, ni mucho menos.
De hecho, en mi facultad los alumnos no teníamos representante en la junta de Facultad desde hace años. Ahora un colega se ha presentado, pero tal y como está el panorama, poco va a durar. Así que durante este tiempo los profesores se han escudado en la poca participación del alumnado y el poco interés que muestra. Cosa en la que estoy de acuerdo punto por punto. Aunque hay algunos alumnos muy activos, a nivel general, dejamos bastante que desear (y eso que somos pocos).
Pero, - y aquí llega mi argumento, - me voy a escudar yo en algo que me enseñaron en la Facultad: el proyecto Hillingdon. Se trata de aquel proyecto realizado en 1976 en Reino Unido que pretendía evaluar los servicios de las bibliotecas públicas y a partir del cuál empezó a aplicarse el márketing en bibliotecas. Las conclusiones eran básicamente tres:
- Las bibliotecas públicas ofrecen un nivel mínimo de satisfacción y sobreviven gracias a las pocas expectativas de los usuarios.
- No ofrecen buena imagen, dando necesidades insatisfechas por satisfechas y no cubriendo otras al no considerarlas de su competencia.
- Hay discrepancias entre bibliotecarios y usuarios sobre el uso de los recursos.
Bueno pues los alumnos, como antes señalé con muy poca delicadeza, somos los usuarios, y los profesores, los bibliotecarios. Yo estaré (si todo marcha bien) cinco años en la Universidad. Ni más ni menos. No es mi empresa, no tengo porqué defenderla o mejorarla. Soy un cliente y merezco un buen servicio. No vale preguntar a los alumnos cuando hay puente si van a ir o no a clase, o dar por hecho que no irán. Hay que señalarles lo que les cuesta esa hora que pierden. Y lo ideal es que no sea recordándoles a cuánto va la hora de clase. No basta con quejarse y echar balones fuera. Digo que un alumno no tiene porqué ayudar a mejorar la Universidad, sin embargo somos muchos los que estamos deseándolo (y sin querer hacer carrera en ella, que conste), pero lo único que nos encontramos son obstáculos y comentarios despectivos.
Sé que me arrepentiré de haber escrito esto mañana mismo y que me lo reprocharán por ahí, pero es que tenía tantas ganas de desahogarme...