Mostrando entradas con la etiqueta estudios en biblioteconomia y documentacion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta estudios en biblioteconomia y documentacion. Mostrar todas las entradas

sábado, 25 de julio de 2009

Más vale tarde que nunca

Actualización 14/08/2009: Ya está disponible el texto completo de la comunicación aquí.

Con cierto retraso hago una pequeña crónica de la New Professionals Conference. Tuve la oportunidad de conocer a jóvenes profesionales del Reino Unido y escuchar nuevas ideas y otros puntos de vista. Como ya he mencionado otras veces, allí el sistema para ser bibliotecario es distinto, no existe un grado o una licenciatura, sino que se trata de un máster. Por lo que la mayor parte de los profesionales trabajan en una biblioteca antes de estudiar el máster, por lo que vienen de ámbitos muy distintos. Por otra parte, al contrario que en España, la gran mayoría trabajan en bibliotecas universitarias.

Por tanto, las ponencias eran estrictamente bibliotecarias, nada de documentalistas, pero de lo más variopintas. Entre las que más me llamaron la atención, me parecieron especialmente interesantes las siguientes:

  • Katie Hill habló de la Generación Consumista y cómo las bibliotecas deben insertarse en una sociedad donde reina el consumismo alzando las cosas positivas que éste aporta y aprovechándonos de ellas mediante estrategias de marketing, etc.
  • Ned Potter nos advirtió de la importancia de acabar con la imagen que tienen los bibliotecarios realzando los principales estereotipos que nos afectan negativamente.
  • Lydia Mayor habló sobre inclusión social, una de las tareas más importantes que debe realizar la biblioteca y enumeró las minorías más marginadas a las que hay que prestar atención. Realmente interesante.

Si queréis leer más sobre el tema aquí tenéis las crónicas de Lizzie Russell, Kathy Ennis, Jo Alcock (otra de las ponentes, ella habló sobre marketing personal), una de las asistentes (1, 2 y 3) y otra. Jo ha creado un evento en Slideshare donde los ponentes irán colgando sus presentaciones.

martes, 30 de septiembre de 2008

Con el agua al cuello

Coincide prácticamente la publicación del post de Álvaro en el que comenta las conclusiones del artículo Las cifras de la enseñanza universitaria en Documentación en España: 2006 de Emilio Delgado y Mercedes de la Moneda con el comienzo de un curso que se presenta bastante determinante. Yo soy de una promoción ya decadente por lo que se ve. Oigo por ahí, como si de una leyenda se tratara, que hubo tiempos mejores, tiempos en los que las aulas se llenaban, en las que había gente en los pasillos (y no porque se hubiesen perdido). Desde que comencé la carrera asumí que me había metido en el lugar más remoto del campus, siempre di por hecho que, al preguntarme qué estudiaba, la siguiente pregunta sería "¿Eso qué es?". Como contrapeso, siempre me animé diciéndome que estábamos en la era de la información y del conocimiento, que no había nadie en mi carrera no porque no sirviese para nada, no porque fuera fea o aburrida, sino porque nadie se había dado cuenta de la oportunidad que suponía de cara a un futuro prometedor y los que sí que se habían dado cuenta lo guardaban en secreto.

Lo cierto es que sí que es una carrera bonita y sigo pensando que tiene mucho futuro (¡ingenuo de mí!), pero nadie se da cuenta y nadie hace nada. Lo siento Marcos pero no estoy en absoluto de acuerdo contigo, no hay sobreoferta formativa, lo que hay es un plan de estudios obsoleto, un mal plan de marketing y unos objetivos enfrentados. Aquí no estamos hablando de que los alumnos que se licencien salgan sin trabajo, sino de que prácticamente no hay alumnos que se licencien, de hecho, tengo muchos compañeros que se largaron al acabar la diplomatura porque encontraron trabajo. Evidentemente no salimos con una oferta de 2000 € al mes sobre la mesa, pero sí que hay trabajo.

Lo que hace falta es sentarse y ponerse a trabajar de forma seria y responsable para darle la vuelta a la situación. Porque decir que hay más oferta que demanda no es más que ignorar el problema, que la carrera siga siendo desconocida después de más de veinte años en funcionamiento demuestra que algo falla, que hemos sabido hacer marketing.

Ya digo que yo estoy acostumbrado a participar en clases de entre 8 y 20 personas, pero aún así este año la verdad es que me veo buscando amigos en ebay para que me acompañen a clase, porque por lo que he oído hay como 8 ó 9 matriculados y hoy solamente estábamos dos en clase. Lo que me pregunto yo es si ya es demasiado tarde para arreglar la situación. Es cierto Marcos (y perdona que te dé la vara), que con el nuevo marco europeo, se deshechan las carreras que no son rentables, la pena es que se desheche una carrera que podría ser muy rentable y que no lo es porque se ha decidido actuar cuando ya era demasiado tarde.

miércoles, 11 de junio de 2008

ByD ¿Ciencia o profesión?

Estoy todavía liado con el libro de Emilio (sí, todavía, lo sé, soy un desastre) y leyéndolo uno, - que ya le falta poco para acabar la carrera, - se pregunta si tanta monserga como se da en la carrera sobre lo importante que es investigar sirve realmente para algo. Sí, hoy estoy algo trascendental, lo reconozco, debe ser que la victoria de la selección me ha afectado especialmente.

El caso es que más de una vez me he quejado de los pocos conocimientos de informática que adquirimos en la carrera y de que se nos están echando encima las tecnologías. De hecho ya nos dieron un toque las empresas hace casi dos años. Todo el mundo está más que concienciado en que hace falta un cambio, pero ¿hacia dónde?

¿Biblioteconomía-y-Documentación o Biblioteconomía y Documentación?

En primer lugar, aclaremos de una vez y por todas a poder ser, de qué estamos hablando. ¿De la ByD? ¿De la Biblioteconomía sólo? ¿Tal vez de la Documentación? A ver si nos enteramos un poco porque claro, estamos juntando aquí a un colectivo enorme y a la vez enormemente heterogéneo. No estoy nombrando la Archivística (aunque creo que debería estar) por no echar más leña al fuego.

Para ello vamos a ver qué dicen los estadounidenses que son, a fin de cuentas, quienes parten el bacalao. Y primer problema, ellos hace ya más de 50 años que dejaron la palabra documentación de lado y se pasaron a Ciencia (en singular) de la Información. Según la Wikipedia (vamos a ser dospuntoceristas y algo cutres en esto de las fuentes) Biblioteconomía (Library Science) es:

Una ciencia interdisciplinar que incorpora las Humanidades, el Derecho y Ciencias Aplicadas en relación con el estudio de la biblioteca, la colección, la organización, preservación y difusión de recursos de información, y Economía de la Información. Por razones históricas, la Biblioteconomía también incluye a la Archivística.

Bueno, para empezar hay cosas que ya de partida no casan con la formación que tengo pero bueno, eso es otro tema. Seguimos con la Documentación (Information Science):

Ciencia de la Información (también Estudios de la Información) es una ciencia interdisciplinar que estudia temas relacionados con la colección, la clasificación, manipulación, almacenamiento, recuperación y difusión de la información.

Parece que la única diferencia a grandes rasgos es que el objeto de estudio. En un caso es la biblioteca y en otro la información. Esto debería de suponer dos líneas de investigación muy claras y evidentes que, aunque con límites algo difusos, se complementan. Y de hecho es así, si seguimos fijándonos en los americanos vemos que la diferencia en más clara aún. Allí hay dos asociaciones: ASIS&T y ALA. Cada una dedicada a cada disciplina y cada una siguiendo su propia política.

¿Ciencia o profesión?

Pues ciencia y profesión. Así parece que funciona la cosa, al menos en Estados Unidos. ASIS&T tiene una orientación claramente investigadora y ALA está centrada en la profesión. Es curioso que la Biblioteconomía y la Documentación se definen como ciencias, sobretodo en lo referente a la Biblioteconomía. De hecho, la definición que se da resulta bastante coherente, pero no creo que tenga mucho que ver con la formación que se da al respecto. Se enseñan técnicas y modelos de trabajo, nada de ciencia. La ciencia se deja para la Documentación. Pero no por ello debe ser peor la formación, ¿es que acaso se práctica buena ciencia en la Biblioteconomía? Estudios de caso, que yo sepa. Se aplican técnicas y modelos desarrollados fuera del ámbito bibliotecario (como la Biblioteca 2.0, por ejemplo). Esto no es malo, es un hecho.

Y es que no se puede seguir hablando de ByD cuando nos referimos a cosas diferentes porque creamos confusión.

viernes, 11 de abril de 2008

Planteándonos el cambio... a mejor

Cada vez falta menos para la implantación de los nuevos planes de estudios de acuerdo con el Plan Bolonia y se empieza a notar en la Facultad. Algún que otro profesor se acerca preguntando qué tal nos parecería dar tal o cuál cosa en la carrera o qué opinamos sobre tal o cuál asignatura. Se trata de algo que ya no me tocará a mí, pero que indudablemente nos llama bastante la atención y sobretodo porque el que se nos pida opinión (independientemente de si se nos hace caso al final o no) nos hace sentirnos partícipes del cambio. En el número de ARIST del año pasado dedican el primer capítulo a la Historia de las Ciencias de la Información. En él tratan cuestiones tales como la identidad de la profesión, el estatus o la formación (entre otras muchas cosas) y sirve a modo de reflexión al hilo del cambio en los planes de estudios.

En primer lugar distingue claramente dos disciplinas y, por tanto, deja entrever la existencia de una tercera:

  • Ciencias de la Información. Son las sucesoras de la antigua Documentación (¿les suena de algo? en el capítulo se refiere a los documentalistas como aquellos que trabajaban en lo que acabo siendo Ciencias de la Información allá por los años treinta. Ahora entiendo la sorpresa de aquel americano cuando le nombré el término). El eje central del capítulo.
  • Biblioteconomía. O como se le quiera llamar, ya saben que ahora resulta ser un nombre poco comercial. Se distingue de la anterior en su carácter menos científico y más profesional.
  • Archivística. Es la innombrable, la que siempre nos dejamos en el tintero, pero que sin duda alguna debe tener cabida en los planes de estudios.

A mi modo de ver se trata de tres ramas o de tres disciplinas estrechamente vinculadas y que, aunque algunas han sido excluidas del nombre de la titulación, deben estar presentes. Pero deben estar presentes con ligeros matices. Una de las quejas más comunes que hay entre los alumnos es que no llegamos a enterarnos de qué va el tema hasta que ya llevamos tres o cuatro años. Hay un popurrí de asignaturas que tocan todos los palos pero no se centran en ninguno provocando desconcierto entre los alumnos que llegamos a preguntarnos si realmente sirven para algo algunas de las asignaturas que se nos imparten. Creo que la manera de solventarlo es orientando la titulación hacia algún aspecto, en uno u otro sentido. Al igual que en su momento la Facultad de la UGR era conocida por tener un corte tecnológico o la Facultad de la USAL por su corte más archivístico. Una titulación que englobe tres disciplinas o no sirve o es extremadamente larga, por lo que hay que centrarse. Esto favorecerá la formación del alumnado y además servirá para otorgarle cierta personalidad y coherencia a la Facultad.

Por otra parte, habrá que hacer frente a ciertas carencias que tiene la disciplina y que históricamente han supuesto un lastre para la profesión y que han impedido darle cierta unidad:

  • Falta de sustento teórico.
  • Ausencia de un perfil profesional evidente.

Y de un nuevo problema que cada vez se hace más evidente en las aulas: el rápido desarrollo tecnológico. Es necesario que los cambios que se hagan permitan cierta flexibilidad a parte de un esfuerzo por parte del profesorado para mantener actualizado su temario (la web 2.0 no existe en las aulas, por ejemplo). Pero no sólo es necesaria la actualización tecnológica, sino en aquellas cuestiones que se ven afectadas directa o indirectamente: propiedad intelectual, historia de las políticas sobre información adoptadas por los distintos gobiernos a lo largo de la historia, el crecimiento de la industria de la información, economía de la información, etc.

Además, en el capítulo del ARIST, Colin Burke incide en la necesidad de investigar y ahondar sobre la historia de los perfiles de los profesionales de la información y de sus carreras. Investigar sobre los planes de estudios seguidos, los empleos que han encontrado, las demandas del mercado, con el fin de establecer una base empírica para plantearnos las necesidades formativas que tienen y que requiere la sociedad. Se trata de responder (traducido literalmente) a las siguientes preguntas: ¿Cuáles fue el nivel mínimo exigido a los estudiantes? ¿Cuál era la situación económica y social de los alumnos? ¿Qué tipo de trabajos encontraron después de completar su formación?

lunes, 31 de marzo de 2008

La que se nos viene encima...

En la biblioblogosfera angloamericana la cosa está caliente. Se masca tensión en el ambiente sobre un tema que ciertamente nos afecta y sobre un problema al que nos tendremos que enfrentar más pronto que tarde si no lo estamos haciendo ya: la licenciatura en ByD. ¿Se le debe exigir a un profesional? ¿Debe ser un extra? ¿Debe de requerirse pero sólo para los puestos de mayor envergadura? Una situación que aún no se da en todo su apogeo en España pero que sin duda alguna está emergente. La razón por la que no ha ocurrido es porque es ahora cuando se está dando el cambio generacional entre los profesionales que no son licenciados y los recién licenciados que se incorporan al mercado laboral.

En Estados Unidos la cosa va a más, pues existe lo que se denomina comúnmente el MLS (Master on Library Science), un título que otorgan los colegios bibliotecarios homologados por la ALA con el fin de preservar la calidad en la formación que reciben los profesionales. La polémica llega cuando este título se convierte en una barrera que crea estamentos sociales dentro de los propios trabajadores: la plebe (los que no tienen el MLS y no tienen posibilidades de alcanzar los grandes puestos) y la nobleza (los bibliotecarios con MLS que suelen ser los que mandan). De hecho hay hasta una especie de burguesía, profesionales con el MLS que simpatizan con la plebe y son éstos los que, en mi opinión, están creando la polémica.

Aquí en España los recién titulados y los que pronto lo seremos solemos decir: 'Esto es una profesión, es un gremio, hay que exigir la titulación, evitar el intrusismo laboral, fomentar la formación de buenos profesionales...' Mientras que los bibliotecarios, los profesionales, los que trabajan responden: 'sí claro, lo que tu digas, llevo trabajando aquí 10 años, tu no tienes ni puñetera idea y con cinco años en la facultad ya te crees que puedes venir exigiendo, en una profesión eminentemente práctica uno no puede venir con sus manuales recién aprendidos y creerse el rey del mambo, a callar, y sobretodo, a aprender a trabajar...'

Para ser sincero, yo no me sitúo en ninguna de estas posiciones, digamos que aún no estoy en el mapa y me abstengo de opinar hasta que tenga algo que aportar. Pero viendo la que se nos viene encima lo que está claro es que el tema no es fácil. Nos enfrentamos por una lado al buen hacer de una asociación que quiere primar el esfuerzo y la calidad de unos profesionales que han estado durante una serie de años formándose para poder desempeñar una profesión y por otro a un colectivo muy importante completamente heterogéneo, en el que hay gente muy valiosa y muy capaz de ocupar puestos importantes y de gente que cayó en esta profesión porque Dios lo quiso así.

Por ello, seguir la polémica suscitada en blogs como el de Meredith Farkas o los dos posts de Liminal Librarian sirve para, de algún modo, viajar al futuro y ver lo que va a ocurrir. Y para poner la guinda, siempre está, cómo no, la deslenguada Annoyed Librarian, una especie de Robin Hood, noble de nacimiento que lucha para ayudar a la plebe. Porque claro, en Estados Unidos lo que se ha hecho es establecer un auténtico gremio profesional que fortalezca la profesión como tal, lo que ocurre es que un sector de ese gremio está cuestionando las bases en las que se sustenta. Annoyed Librarian llega a decir que se podría medir el coeficiente intelectual de los bibliotecarios preguntándoles cómo les pareció el Master: si les pareció difícil, son unos inútiles. Meredith Farkas, mucho más diplomática y señora, considera que hay ciertas posiciones que sólo deben ocupar aquellos que tengan el MLS, pero que hacer una división entre los que tienen el título y los que no lo tienen es un craso error.

En fin, El post que originó todo esto ya lleva 81 comentarios y sigue...

miércoles, 27 de febrero de 2008

Ahora peor que antes

Dicen en la facultad que los alumnos de hace diez años tenían un nivel mucho más superior que el nuestro. Que el nivel ha bajado. Y mucho. Rápidamente añaden que esto no sólo se refiere a los estudiantes, sino en general. Sin embargo, empieza su discurso aludiendo a los estudiantes. Y me hace gracia. Mucha gracia. Encima en el primer día de clase, para empezar bien.

Bueno no, en realidad me cabrea mucho. Como estudiante que soy me doy por aludido y hace que durante un par de horas odie desde lo más profundo de mi ser a ese alguien y al resto de la sociedad por haberme convertido en una mera sombra de lo que eran los estudiantes en el pasado. Pero al rato, sin poder evitarlo me entra la risa. Lo siento, pero no lo puedo evitar.

Comentando el tema con los compañeros, llegamos a la conclusión de que nuestros años de universitarios nos han sentado francamente mal. Ya no nos  escandaliza eso de que un profesor llegue media hora tarde a clase y se vaya media hora antes, cosa que en primero nos dejaba completamente atónitos. Incluso nos sentimos aliviados. Qué aliviados, ya hasta nos gusta y nos cae mejor por ello. De que nos diga lo holgazanes y malos que somos. Nos dejamos mangonear lo más grande y lo peor de todo es que nos da igual.

Ha llegado un momento en el que el hastío ha ido creciendo de tal manera que les llegamos a consentir que nos hagan perder el tiempo por el módico precio de 600-700 € al año aproximadamente (tal vez ahí me he colado, pero no lo borro para crear ambiente). Evidentemente aquí estoy dando la visión de un alumno. Una visión sesgada y muy poco objetiva. Pero es que su visión ya me la conozco. De hecho me voy a tomar el lujazo de rebatírsela. Hoy estoy gracioso.

Básicamente las dos posturas encontradas son:

- Alumnos que dicen que los profesores no les enseñan nada. Que conste que no estoy de acuerdo con el tema. Tenemos magníficos profesionales en nuestras aulas, eso sí, pasan de una manera exagerada de nosotros.

- Profesores que se encuentran con alumnos que no tienen ni el más mínimo interés en sus explicaciones. Claro que sí que los hay. Tal vez demasiados. Eso no lo voy a negar, ni mucho menos.

De hecho, en mi facultad los alumnos no teníamos representante en la junta de Facultad desde hace años. Ahora un colega se ha presentado, pero tal y como está el panorama, poco va a durar. Así que durante este tiempo los profesores se han escudado en la poca participación del alumnado y el poco interés que muestra. Cosa en la que estoy de acuerdo punto por punto. Aunque hay algunos alumnos muy activos, a nivel general, dejamos bastante que desear (y eso que somos pocos).

Pero, - y aquí llega mi argumento, - me voy a escudar yo en algo que me enseñaron en la Facultad: el proyecto Hillingdon. Se trata de aquel proyecto realizado en 1976 en Reino Unido que pretendía evaluar los servicios de las bibliotecas públicas y a partir del cuál empezó a aplicarse el márketing en bibliotecas. Las conclusiones eran básicamente tres:

- Las bibliotecas públicas ofrecen un nivel mínimo de satisfacción y sobreviven gracias a las pocas expectativas de los usuarios.

- No ofrecen buena imagen, dando necesidades insatisfechas por satisfechas y no cubriendo otras al no considerarlas de su competencia.

- Hay discrepancias entre bibliotecarios y usuarios sobre el uso de los recursos.

Bueno pues los alumnos, como antes señalé con muy poca delicadeza, somos los usuarios, y los profesores, los bibliotecarios. Yo estaré (si todo marcha bien) cinco años en la Universidad. Ni más ni menos. No es mi empresa, no tengo porqué defenderla o mejorarla. Soy un cliente y merezco un buen servicio. No vale preguntar a los alumnos cuando hay puente si van a ir o no a clase, o dar por hecho que no irán. Hay que señalarles lo que les cuesta esa hora que pierden. Y lo ideal es que no sea recordándoles a cuánto va la hora de clase. No basta con quejarse y echar balones fuera. Digo que un alumno no tiene porqué ayudar a mejorar la Universidad, sin embargo somos muchos los que estamos deseándolo (y sin querer hacer carrera en ella, que conste), pero lo único que nos encontramos son obstáculos y comentarios despectivos.

Sé que me arrepentiré de haber escrito esto mañana mismo y que me lo reprocharán por ahí, pero es que tenía tantas ganas de desahogarme...

viernes, 15 de febrero de 2008

Becas

Martes 12 de febrero. 11.30 de la mañana aproximadamente

Piiii, piiiii, piiiiii.

- ¿Dígame?

- Hola, llamaba para informarme acerca de la beca xxxx de prácticas en empresa.

- Disculpe pero es que la persona que se encarga de eso ahora mismo está ocupada. ¿Le importaría llamar más tarde?

- Muy bien,muchas gracias.

1 hora después más o menos

Piiii, piiiii.

- ¿Dígame?

- Hola, llamaba para informarme acerca de la beca xxxx de prácticas en empresa.

- Lo siento pero aquí no llevamos esa beca. LLame al número 9XX XX XX XX y le atenderán ahí.

-Ok, muchas gracias.

Piiii, piiii.

- ¿Dígame?

- Hola llamaba para informarme acerca de la beca xxxx de prácticas en empresa.

- Llame dentro de un rato, es que la persona que lleva esa beca no se puede poner ahora mismo.

- Muy bien, muchas gracias.

 

Jueves 14 de febrero. 12.45 de la mañana aproximadamente

Piiiii, piiiii, piiiii.

- ¿Dígame?

- Hola, llamaba para informarme acerca de la beca xxxx de prácticas en empresa.

- Lo siento, pero nosotros no llevamos esa beca. Mire, llame a este teléfono: 9XX XX XX XX.

- Muy bien, muchas gracias.

Pi pi, pi pi, pi pi, pi pi.

 

Si es que manda narices. Luego dicen que si los alumnos no nos enteramos de las becas y que hay muchas que se quedan sin cubrir. ¡No me extraña! Dentro de un mes se acaba el plazo para ésta. A ver si para entonces consigo hablar con el petardo que lleva esa beca...

jueves, 6 de diciembre de 2007

De colegios y de quejas

De nuevo el debate eterno vuelve a invadir las listas de IWETEL, hay momentos en los que parece que hay una mano negra detrás que mueve los hilos para que los profesionales de la Documentación se dediquen a protestar y a discutir entre sí en vez de trabajar y demostrar lo mucho que valen o que dicen que valemos (me incluyo por futurible). Ahora arranca con fuerza ante la ingenua pregunta (y permitidme el sarcasmo): ¿Por qué no hacemos un colegio de Documentación?

El caso es que la relación existente entre el mal llamado ocaso de los estudios y el desprecio que reciben los profesionales en el mundo laboral es evidente y muy palpable. Es más, el uno es consecuencia del otro y viceversa. Hemos de tener en cuenta de que no sólo se trata de una titulación joven, sino también de una profesión eternamente cambiante. Ya fuera de la adecuación o no adecuación de los planes de estudios y sin entrar en temas que no me corresponden, lo que realmente falta es una actitud innovadora y verdaderamente pragmática. Una actitud que nos falta no ya sólo a los profesionales sino también a los estudiantes (y aquí me incluyo), somos conformistas y no nos gusta movernos, pero lo que es quejarnos...

Cuando alguien ve desde fuera a los profesionales de ByD, -alguien que sea cercano a su situación, - no ve más que a un grupo de personas ( muy capaces, por supuesto) que en vez de trabajar se dedican a quejarse y a llorar por lo terrible de su situación. Una vez oí decir que ésta era una profesión mediocre para gente mediocre (sin ánimo de ofender) y en parte, mal que nos pese, es así. No se puede exigir cuando no se demuestra nada a cambio, no somos capaces de traducir nuestro esfuerzo y trabajo en beneficios tangibles para el usuario, en dinero para la empresa, en números, al fin y al cabo. Es evidente que un documentalista o un bibliotecario resulta muy rentable para cualquier empresa, pero no falta con ser bueno, sino que además hay que parecerlo.

De hecho, cuando aparece un profesional de éstos, se convierte en un hito, el ejemplo más claro es la archiconocida Biblioteca de Muskiz.

En fin, disculpas de antemano, pero es que llegar a casa a estas horas y ver que en el correo lo único que tienes son veinte mensajes de IWETEL de gente quejándose por lo mismo de siempre cansa un poco...

viernes, 12 de octubre de 2007

Formación y profesión, la eterna polémica

Plantea Belen Ávila, responsable de la biblioteca del TSJA, algo que todos piensan y pocos dicen y que podría resumirse en: ¿No hay demasiadas lagunas en la formación de los alumnos de ByD, sobretodo respecto a cuestiones de Informática?

La respuesta, indudablemente, es sí. Como estudiante que soy y, precisamente por ello, conociendo la opinión de mis compañeros, puedo afirmar que, en general, echamos en falta muchas cosas y sobran otras muchas. En general faltan conocimientos informáticos, un estudiante de ByD, ahora mismo, no sale de la carrera conociendo técnicas como el XML ni tan siquiera el HTML, conocimientos que le abrirán muchas puertas en el futuro. Un profesional de la información, tal y como se concibe en las Universidades, no les plantean ninguna competencia a los informáticos, periodistas, etc. dentro de la Web. Evidentemente, siempre hay excepciones. Yo sé lo que es la Web 2.0, intuyo más o menos de qué va todo este rollo de la Web semántica, conozco algo, - más bien poco, - el xml, pero nada de esto lo he aprendido en las aulas. El mundo profesional está tan lejos de la realidad de las aulas, que muchos alumnos ni lo intuyen.

Aún así no hay que ser injustos con las Universidades ni con los planes de estudios. En mi opinión, el comentario que hace David en el post de Belén Ávila es muy acertado. Habla de perfiles de profesionales y tal, y de la dificultad de darles a los estudiantes una formación que se ajuste a todos estos perfiles. Y es que ahí está el quid de la cuestión ¿Deben realmente los estudios de ByD ajustarse al mercado?

Desde mi más humilde opinión, las Universidades que abordan este problema pueden o deberían optar por una de las siguientes vías:
  1. Dedicarse a formar a los alumnos en una disciplina. Olvidándose del posible mercado de trabajo que haya, lo cuál no es una mala opción, puesto que la Universidad no es, en principio, un centro de formación profesional.

  1. Desaparecer y dar lugar a diferentes carreras o formaciones. Al igual que no existe una sola ingeniería, no puede existir una formación en ByD que englobe a archiveros, bibliotecarios, documentalistas, etc. puesto que, al igual que los ingenieros, todos parten de ramas comunes, se encargan de tareas muy distintas.
Está claro que nada de esto ocurrirá nunca. Básicamente porque la Universidad, por su propia disciplina interna, está centrada en otro perfil de profesional muy distinto de todos los anteriores: el investigador. Y, por tanto, ese es su único interés.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

La información está de moda

Es curioso cómo afecta muchas veces el término utilizado a una disciplina, a una institución o incluso a un conjunto de profesionales. En todas las disciplinas siempre han existido un grupo de "profesionales", a los que podríamos denominar teóricos que se dedicaban a polemizar ante tal o cuál término para denominar tal o cuál aspecto de su profesión mientras el otro grupo (al que podríamos denominar como los prácticos o simplemente profesionales) que eran los que se realmente se dedicaban a ejercer la profesión sin importarles en absoluto cuestiones meramente teóricas y sin aplicación práctica alguna.
Sin embargo, con esto de la información, la cosa afecta a todos. Es curioso cómo un término puede afectar a todo un gremio. Y, no obstante, así es. Parece que hay ciertas palabras guays y palabras feas, palabras con futuro y palabras, palabras que ya no significan nada. Oigo decir por ahí: 'El nombre biblioteconomía... ¡Ay, cuánto daño ha hecho a esta profesión!' Y pienso, ¿daño?, daño será el que le hemos hecho nosotros a la biblioteconomía dándole esas connotaciones tan terriblemente aburridas.
Pero información... Información es otra cosa, información suena bien, es una palabra que tiene fuerza, que vende. Tal vez sea porque los periodistas siempre la utilizaron y los periodistas son más guays que nosotros. Porque seamos realistas, el término Ciencias de la Información es un término vacío, un término completamente artificial que hemos moldeado a nuestro gusto para hacer marketing, para confundir al pobre estudiante de bachiller que elige carrera y sumergirlo en las oscuras artes de la Biblioteconomía y la Documentación.
A veces me paro a pensar en estas cosas y en nuestras peleas con los periodistas por apoderarnos del término Ciencias de la Información (término que es nuestro en el resto del mundo), y entonces me acuerdo de la Biblioteconomía, ahí sola, marginada y triste...